Melanie Klein (1929) fue pionera en postular la importancia del juego en el análisis infantil, un descubrimiento que revolucionó el abordaje terapéutico con niños y planteó nuevos retos en la clínica con este tipo de pacientes. Actualmente, muchos terapeutas utilizan su técnica, aunque ya no se emplea el enfoque genético ni se suele interpretar utilizando el lenguaje gráfico que utilizaba Klein.
Uno de los principales temas de controversia entre Anna Freud y Melanie Klein fue el papel del juego en el análisis.
Karl Abraham, figura de gran influencia para Klein, anunció que «el futuro del psicoanálisis radica en el análisis del juego». Creo que tenía razón. Los desarrollos en torno a las patologías más severas y la observación e intervención en los vínculos tempranos parecen dar razón de ello.
Klein desarrolló su método de análisis infantil basado en la observación del juego, considerándolo equivalente a las asociaciones libres de los adultos y a los sueños. Nos advierte que los niños repiten en el juego todo cuanto les ha impresionado en la vida. El énfasis recae en la importancia del juego para el dominio del mundo interno del niño. El niño busca aliviarse de las acechanzas de su mundo interno a través de la externalización en el mundo externo de sus situaciones de persecución. Klein destaca que el desarrollo natural del niño consiste en buscar objetos nuevos como sustitutos de los anteriores; los juguetes y los compañeros de juego son una de las formas de poner en práctica la simbolización. El objeto es movido también por conflictos con el objeto temprano, de modo que encontrar un objeto nuevo, un símbolo, procura alivio. Estos procesos son inconscientes y representan la psique del niño en pugna con las dificultades que le plantean sus impulsos y sus objetos.
El juego, en la concepción de Klein, era un asunto serio para el niño y no un disfrute trivial ni un ejercicio destinado a dominar el ambiente físico.
Como sostiene la autora, los mecanismos de proyección y disociación son fundamentales en la personificación del juego; actúan como impulsores en el trabajo analítico. Una mayor actividad de la fantasía y capacidad de personificación incrementa la capacidad de transferencia, permitiendo que se revivan las imagos con el analista y puedan ser analizadas.
Ferro (1998), en su libro «Técnica del análisis infantil», sostiene:
«La novedad de Klein es la de mirar al niño que juega exclusivamente desde un vértice psicoanalítico y dentro de una situación de análisis, de manera que cada actividad, además de las palabras, cada aspecto del comportamiento, pueden ofrecer un hilo para comprender lo que está sucediendo en la mente del niño».
El juego es la convocatoria más atractiva y estimulante para los pequeños; como sostenía Klein, abre la posibilidad de profundizar en las fantasías inconscientes y en las ansiedades más profundas. El niño experimenta placer y consuelo a través de la actividad lúdica. Consideraba que el juego proporciona una descarga de las fantasías masturbatorias. El niño asigna personajes en su juego.
Muchas veces me he encontrado en situaciones difíciles para establecer las condiciones mínimas de trabajo, y la convocatoria a jugar ayuda a destrabarlas. Cuando, en ocasiones, se invita a los niños, incluso a los más inhibidos, a jugar, muchos de ellos se sienten estimulados por la propuesta.
El juego permite el acceso a aquello que de otra forma es imposible de abordar; jugar es acercarnos al mundo interno del niño, empatizar con él, mostrarle nuestros intentos por comprenderlo. Además, es una herramienta diagnóstica por excelencia.
Comprender el juego de nuestros pequeños pacientes, implicarnos en él desde un vértice psicoanalítico, requiere estudio, práctica y mucha dedicación, pero es una tarea que no podemos eludir.
