Para comenzar quisiera plantear la complejidad de hablar de psicopatología y sobre los diagnósticos en la infancia. Es fundamental pensar que los niños se encuentran en vías de construcción psíquica y que la valoración de su mente será un proceso que iremos revisando a lo largo del tratamiento.
El niño en su desarrollo, tendrá que ir enfrentando varios retos psíquicos, como es el tolerar la separación con la madre, la construcción de una alteridad, la formación simbólica, la gestación del pensamiento, la elaboración de duelos por la caida de la omnipontencia, la conflictiva edípica entre muchas otras cosas más.
Es interesante pensar que aunque no hablamos de estructuras fijas, desde etapas tempranas del desarrollo de un niño podemos observar ciertos funcionamientos mentales que predominan. Hace unos años atendí a un niño de tres años el cuál presentaba una marcada tiranía hacia sus objetos, en la transferencia, devaluaba continuamente lo que yo le interpretaba, e incluso los materiales de juego le parecían poca cosa. En el transcurso de su tratamiento miré una dificultad significativa para relacionarse conmigo, además de fantasías omnipotentes agudas, más allá de las que encontramos en todo niño. Esto era reforzado por los deseos que sus padres ponían en él, colocándolo en un lugar de grandiosidad. Trabajamos un corto tiempo, me quede pensando en la dificultad que tendría para relacionarse con otros niños, sus estados persecutorios y vislumbrando una estructura narcisista. Doce años más tarde los aspectos que yo miraba en él, a pesar de ser muy pequeño se habían confirmado. Esto no significa, como mencionaba anteriormente, que la mente y el sujeto no tenga la posibilidad de que esto pueda transformarse, algo que da esperanza en cuánto a las posibilidades que un tratamiento psicoanalítico puede brindar para el desarrollo mental de un individuo. Es por lo anterior, que la atención temprana se vuelve esencial.
Regresando al tema del diagnóstico, este nos permitirá armar hipótesis que nos guiarán y que se confirmarán o refutarán durante el tratamiento. De igual forma será una brújula de la manera en como vamos a intervenir. Por ejemplo, si nos encontramos frente a ansiedades o funcionamientos del orden neurótico o mas bien con ansiedades más tempranas o psicóticas, nuestra manera de intervenir va a ser distinta. Melazzini (2023) menciona que los síntomas que conforman los trastornos son expresiones inespecíficas y superficiales de conflictos psíquicos profundos, los cuales solo se comprenden al conocer la personalidad en su totalidad. Las dimensiones intrapsíquicas y vinculares, serán fundamentales. De igual forma piensa que será muy importante conocer los recursos con los que cuenta el niño para afrontar los conflictos que el propio desarrollo le presenta, su capacidad de juego, el tipo de pensamiento, la riqueza de su fantasía, su capacidad para tolerar la frustración, el grado de conexión y registro de la realidad externa e interna, el manejo de los impulsos erógenos y agresivos, la capacidad de hacer lazos con otros, su deseo de conocer lo que le pasa y sus recursos defensivos. Por supuesto que la transferencia y la contratransferencia no la deja fuera como un eje fundamental para poder acercarnos a conocer la vida mental de nuestro paciente.
Cuando nos llega un niño a consulta, es importante pensar qué conflictivas ocurren en su mente, ya que la experiencia clínica con estos pacientes nos ha enseñado que el niño sufre, tiene angustias o atraviesa por conflictos que, en ocasiones, lo detienen en su desarrollo psíquico. Pensar en un diagnóstico no es estigmatizar o poner una etiqueta, sino delimitar los conflictos que están en juego, cómo pesan en lo intersubjetivo y las defensas que se han ido estructurando ya en ese niño. Y aunque en el trabajo terapéutico trabajemos principalmente con el mundo interno del niño y sus emociones, vale la pena destacar que no podemos atenderlo como un ser independiente de la estructura familiar y de lo que ocurre en ella, pues también será parte de lo que iremos valorando, el funcionamiento familiar, que será central para el trabajo que a la par haremos con los padres a lo largo del tratamiento.
No podemos pensar los diagnósticos desde una mirada médica, y sabemos que hablar de diagnósiticos en psicoanálisis tiene cierta complejidad, ya que no hay causas únicas para los síntomas, no podemos comprenderlos siempre desde una misma mirada y nuestra valoración dependerá de muchos factores. Por lo mismo, nuestro interés no esta puesto en curar los síntomas, si no que el análisis le provee de medios psíquicos con los que pueda tener un crecimiento emocional en el cual pueda desarrollar su creatividad y así poder enriquecer su vida, más allá del diagnóstico psicopatológico.
Referencia bibliográfica
Melazzini, M. (2023). Pensando el diagnóstico en niños. Controversias en Psicoanálisis de niños y adolescentes. No. 32. Pp. 211-221
