No se puede acompañar a un niño o a un adolescente sin conocer el territorio que habita. No es lo mismo el bebé, que acaba de llegar al mundo y necesita una presencia viva que lo sostenga, lo mire y le hable para poder llegar a existir. Un bebé no se regula solo, se calma en un vínculo, dentro de otra mente que lo piensa.
Que el niño en latencia, de 6 a 11 años, que necesita guardar el fuego de sus pasiones mientras su Yo se fortalece: el que acomoda sus juguetes en fila perfecta, colecciona estampas y datos, dibuja sin salirse de la raya y repite las mismas reglas del juego, todo para no ser arrasado por los celos, la rivalidad y la culpa. Su orden es una defensa temporal y necesaria, y merece leerse como tal.
Que el adolescente, que vuelve a sentir la excitación con toda su fuerza y necesita adultos capaces de tolerar la distancia que él impone, sin retirarse ni invadir. Necesita padres que no renuncien a contener y a poner límites mientras dejan espacio para la experimentación y la aventura. Y necesita analistas que sobrevivan a su desafío.
Es indispensable conocer el estado mental y las tareas inconscientes de cada etapa para poder intervenir de manera cercana. Porque si no entendemos qué está tratando de resolver un niño o un adolescente, y si no usamos nuestra contratransferencia como instrumento, intervenimos con prisa y a ciegas. Y si no entendemos la vida mental, se nos pierde lo esencial: ese momento que aparece pidiendo que alguien lo comprenda y lo nombre.
En esta formación, de la mano de autores clásicos y contemporáneos, vas a aprender a distinguir:
- Cuándo el juego construye un self y cuándo solo esconde el miedo.
- Cuándo ordenar es un momento necesario del desarrollo y cuándo alguien se atrinchera para no sentir.
- Cómo transformar la repetición monótona en una historia con sentido.
- Cómo ayudar a despertar la vitalidad que se apagó en una persona.
- Cómo acompañar a los padres sin aliarte con ellos ni contra ellos.
- Cómo desarrollar las habilidades para llegar a ser un analista que no se asusta: el que puede mirar el mundo interno sin huir, quedarse a contener y explorar, y también reconocer con honestidad los límites del método.
Esta es una formación que potencializa la observación y la escucha clínica, una escucha tan fina que alcance a oír lo que todavía no tiene palabras: el gesto, el silencio, el juego y la mirada.
Si quieres dejar de intervenir desde la prisa, empezar a escuchar lo profundo de cada persona y ampliar tu consultorio con intervención temprana, este lugar es para ti.
Te esperamos.
