Desde los inicios del psicoanálisis, el dibujo ha despertado un profundo interés como vía privilegiada de acceso a la vida psíquica infantil. Ya en los historiales clínicos de Freud —como el caso del Hombre de los Lobos o el pequeño Hans— se observa cómo las producciones gráficas permiten vislumbrar la sexualidad infantil y los conflictos inconscientes. Melanie Klein se interesó por los dibujos de Richard y las fantasías que expresaba en ellos, mientras que Winnicott pensaba que por medio del juego del garabato se expresaban emociones y se generaban diversos significados.
Además del juego, el dibujo constituye una herramienta fundamental de expresión y comprensión psicoanalítica en el trabajo con niños. Funciona como una vía de representación y elaboración psíquica, especialmente valiosa cuando el juego se encuentra inhibido. Arminda Aberastury trabajó con niños que padecían afecciones psicosomáticas y presentaban dificultades para jugar, encontrando en el dibujo una vía para expresar conflictos y favorecer la simbolización.
El dibujo infantil acompaña el desarrollo psíquico del niño. En sus inicios aparece como una huella, una marca que da cuenta de la construcción de la identidad. El niño comienza dibujándose a sí mismo, a su familia y escribiendo su nombre. El garabato inicial, aglutinado y sin forma, va siendo progresivamente significado. Este proceso se articula con el desarrollo pulsional, especialmente en la etapa anal, donde el acto de producir cobra relevancia.
En los primeros años, la desaparición de la imagen del otro o de sí mismo genera mucha angustia. Alrededor de los dos o tres años, cuando el niño descubre que puede recrear y retener imágenes mediante el dibujo, la angustia disminuye. Arminda Aberastury (1984) dice lo siguiente: “el hecho de que la imagen, tanto la externa como la propia, sea fugitiva, lo angustia… cuando descubre cómo recrearla y retenerla mediante dibujos, disminuye la angustia”. Así, el dibujo se constituye como una herramienta simbólica comparable al juego y al sueño. Blinder et al. (2017) mencionan que se diferencia del sueño en que este es una producción espontánea del inconsciente, en el dibujo a veces lo es, pero no siempre.
En el trabajo analítico, el dibujo debe considerarse en su totalidad, atendiendo a las asociaciones verbales del niño, al contexto de la sesión y a la transferencia. Puede expresar conflictos, fantasías inconscientes, defensas y modalidades vinculares. Al interpretarlo, se amplían significados y se complejiza la comprensión del conflicto psíquico.
En cuánto a la interpretación del dibujo en la sesión, Blinder et al. (2017) plantean dos niveles de interpretación: lo que el dibujo expresa a través de las asociaciones del niño y lo que suscita en el analista, incluso a nivel estético. El significado no es unívoco y se construye en el encuentro analítico. El autor, pone como ejemplo el siguiente relato de un niño:
Mostré mi obra maestra a las personas mayores y les pregunté si mi dibujo les asustaba.
Me contestaron: ¿Por qué habrá de asustar un sombrero?
Mi dibujo no representaba un sombrero. Representaba una serpiente boa que digería un elefante.
María, una niña de diez años, con muchas ansiedades fóbicas, siente continuamente las interacciones sociales como experiencias que la amenazan, al igual que sus impulsos hostiles que son proyectados en sus objetos. En el vínculo transferencial fue desplegandose, por supuesto, esta modalidad de relación y sus aspectos psicopatológicos, no solo en cuanto a lo fóbico se refiere si no también aspectos depresivos, centrales en esta paciente. Como ejemplo, quisiera presentar un dibujo en el cuál proyectó sus fantasías de desprecio hacia ella y aspectos transferenciales importantes. Después de una sesión de no habernos visto, María pasó varias sesiones sin jugar, muda y enojada. Posteriormente me dijo que no hablaría hasta que viniera su abogado, mencionando que yo había cometido un crimen, le dije que para ella yo había hecho algo muy malo al cancelarle una sesión. Más tarde hizo un dibujo muy interesante en el cual se pudo entender (entre otras cosas más) los sentimientos no solo de exclusión, si no de quedar expulsada violentamente del espacio, así como una sensación de tratarla “como una muñeca de trapo”.
Como hemos mencionado, el dibujo en el análisis infantil se presenta como una vía privilegiada para acceder al mundo interno del niño, facilitando la expresión, elaboración y transformación de la experiencia psíquica. Es fundamental estudiar la técnica en la clínica infantil. Trabajar con niños conlleva complejidades pero también resulta muy estimulante y necesario en la formación de un psicoanalista.
Referencias bibliográficas
Aberastury, A. (1984). Los dibujos infantiles como relato (pp.189-210) En Aportaciones al psicoanálisis de niños. Paidos
Blinder, C. Knobel, J. Siquier, M. (2017). La interpretación del dibujo (pp. 123- 159). En Nuevas aportaciones a la clínica psicoanalítica con niños. Ed. Síntesis.
